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El acuario llega a casa: 400L de Wallapop y mucho sudor.

Llevaba semanas mirando Wallapop. Cada día. A veces varias veces al día. Filtrando por medidas, por precio, por zona. Buscando el acuario adecuado — no cualquier cosa, el adecuado. 150x50x55 cm. 400 litros. Esas eran las medidas que necesitaba para el hueco del despacho y no pensaba ceder.

La mayoría de lo que aparecía no servía. Demasiado pequeño, demasiado caro, demasiado lejos, silicona en mal estado. Seguí mirando.

Y entonces apareció.

400 litros. Las medidas exactas. Pero lo mejor no era solo el acuario — venía con un pack que no esperaba: pantalla Eheim, controlador Eheim, calentador externo, y equipo de CO2 por si algún día me da por montar un plantado serio. Un buen precio por todo lo que incluía.

Le di al botón de contactar antes de que se lo llevara otro.

«Así lo encontré. Casa del vendedor, antes de ser mío.»

Quedamos para verlo. Cuando llevas semanas buscando algo, el momento de verlo en persona tiene su peso. Revisé los cristales despacio, los cuatro lados. Sin marcas serias, sin rayaduras importantes. La silicona estaba bien — limpia, sin hongos, sin separaciones. El marco en buen estado.

Todo correcto. Cerramos el trato.

Y ahí empezó la aventura de verdad.

«El vinilo azul. Tendría que desaparecer.»

Fuimos a buscarlo con unos amigos. Lo que parecía un traslado sencillo se convirtió en un puzzle de cuarenta minutos en la escalera. Las escaleras de la casa eran estrechísimas. El acuario no giraba. No había manera de bajarlo en horizontal — había que llevarlo en vertical, centímetro a centímetro, con dos personas aguantando y una tercera dirigiendo desde abajo.

Hubo un momento en que pensé que no iba a salir.

«En vertical. Centímetro a centímetro.»

Pero salió.

Con un pequeño recuerdo: un golpecito en la esquina superior derecha. Apenas se ve. Hay que buscarlo para encontrarlo. Pero ahí está — la primera marca de batalla de este proyecto, conseguida antes incluso de llegar a casa. En este hobby, los acuarios de segunda mano tienen historia. Este ya tiene la suya.

Ahora el acuario está aquí. Pero todavía le queda trabajo antes de llenarse de agua.

Ese vinilo azul tiene que desaparecer. No es negociable — un blackwater amazónico no puede tener el fondo azul eléctrico de un acuario de los años noventa. Necesita también una limpieza a fondo, por dentro y por fuera, antes de que entre una sola gota de agua.

Y lo más importante — todavía no tengo mueble.

Eso está siendo más difícil de lo que pensaba. No quiero cualquier cosa. Quiero algo que realmente me guste, que impacte visualmente, que esté a la altura del proyecto. El mueble no es un accesorio — es parte del conjunto. Así que sigo buscando. Sin prisas.

El acuario me mira desde el suelo del despacho, esperando que le encuentre una base digna.

La encontrará.

Nos vemos en el siguiente.

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